martes, 26 de febrero de 2008

Para Pilar!

Hace dieciocho años, entre el ritmo de las batucadas del carnaval de Rio, se anunciaba su llegada.
Siento que esa música fue lo primero que oyó al llegar al mundo, y la marcó profundamente.
Es carnaval, es risas, es alegría… acompañada de otros condimentos como su sencillez, su dulzura, su sinceridad, su entrega permanente….su decisión, su tesón….
Qué me dicta mi mente??? Cholula??? Me leo babosa??? … Y bueno…. SI…..pero… en ese éxtasis materno, no dejo de ver el caos de su pieza… las parvas de ropas que me impiden emerger… las diferencias de criterios en los horarios de regreso….en fin.. cotidianidades…
¿Qué hace de los quince? De los preparativos, de esas emociones… de los dieciséis… de los diecisiete con la casa colmada de chicos….
Y ya dieciocho… y lejos... en medio de exámenes y nuevos amigos… y un teléfono que no para de sonar intentando una comunicación con ella…
Vaya mi saludo cibernético, en este espacio, que es todo mío, para disfrutar de mis delirios y mis sentimientos…
¡FELIZ CUMPLE PILAR!
TQM

Mamá

domingo, 17 de febrero de 2008

Despedida….

Partieron de vacaciones y sin previo aviso Luis cambió su pasaje. Se dejó seducir por un viaje sin retorno hacia un lugar sin límites, celeste, pleno en el que impera la paz.
Sólo había dos plazas, y decidió partir con Rocío. Así sería mejor, Lucía quedaba con vos.
Emprendieron un viaje anticipado, a un lugar que la lógica reserva, primero, para “los grandes”, los grandes de edad, aunque Dios en algunos momentos decide unas plazas para otro tipo de grandezas. Este fue el caso. Pero no te alarmes, el Gordo sabe y la va a cuidar…
Antes de partir, pasaron por Paraná para ultimar detalles, para despedirse.
Allí estuvimos, su sola presencia nos convocó. Sin llamadas previas.
Aparecieron dinosaurios, guardados en sus cuevas por muchos años. Una mezcla de sentimientos se daba. Tristeza por la partida, felicidad por el reencuentro sincero.
Prepararon su equipaje. No incluían ropas, dinero, ni cosas materiales. Lo dejaron todo. Aunque te aseguro que sus pertenencias de livianas no tuvieron nada.
Cargaron en sus maletas un pedacito del alma de cada uno de nosotros.
En retribución, su generosidad fue extrema. Nos dejaron una enseñanza de vida, de una vida vivida en plenitud, intensamente, con alegrías, con tristezas ocasionales. Una vida sin desperdicios apuntalada en los valores de la amistad y la familia.
Su paso por este mundo quedó grabado en nosotros y será una fuente inagotable de energía que se activará al pensarlos, despertará sonrisas y sin dudas nos convocará a movernos marcando nuestro ritmo desde una nube…
Myrtita

sábado, 16 de febrero de 2008

Querida amiga:

Hoy barrí, y no lo hice buscando el brillo en mis pisos. Lo hice en una búsqueda casi irracional, pidiéndole a mi escoba ayuda. Ayuda para desentrañar esta maraña de sentimientos, de sensaciones, de cosas sin respuesta que se desencadenó hace ya una semana.
El jueves, nos despedimos …
- Tengo 1 000 000 000 de cosas para contarte… pero la pantalla de la computadora no alcanza para hacerlo. ¡Tenemos que encontrarnos!
-Me temo que no hay tiempo… El sábado nos vamos… ¡Lo dejamos para la vuelta!
- ¿Y si me visita el alemán y después no me acuerdo?
- ¡Anotalas! fue tu concreta respuesta, dándole siempre objetividad a mis tribulaciones y disyuntivas.
Y acá estoy, anotando… hace días que quiero hacerlo, pero no puedo, así que hoy dejé al debo, que con la ayuda de la escoba lo hagan….
¿Cómo no escribirte si en nuestra vida siempre estuvieron los testimonios escritos? Creo que nuestro caudal de misivas vuelve minúsculas las cartas de Millenium para la humanidad.
Desde aquellos días en que Reinabas como corresponsal de la favela para la edición de nuestro Diario en Quinto “D”…
Las cartas de Richieri 1033, con nuestras andanzas por las universidades, nuestros años de mocedades que descansan en una pila de cajas de ADIDAS y que hoy no me atrevo a abrir….
Tu paso por Buenos Aires, y las visitas semanales del cartero trayendo las novedades desde aquel pensionado al que accediste con la recomendación de la curia, sin haber pasado por un templo…
Las postales de tus viajes…
Nuestras vidas están en papeles…. Y ahora en ceros y unos desde que se me escaparon los soldados y te invitaron a alistarte en las filas de este blog, que nació con el enmascarado deseo de volver a estimular y revivir nuestra creatividad de adolescencia.
Y cómo no te voy a escribir acá, si te torturé para que ingresaras a este medio virtual. Si desde tu salita verde de informática encontramos el canal para el diálogo cotidiano, para el encuentro permanente cuando aparecía el patito en mi ventana del chat.
Un alto en las tareas, en el estudio… las últimas novedades, la consulta rápida, la contrarreunión que se gestaba….
Pero el patito no aparece… Mi computadora se silenció hace unos días…Por eso necesito escribirte…
Sé que hoy no va a haber un comentario, pero te doy tiempo, el que necesites, el que consideres oportuno… pero NO TE LICENCIO AL SILENCIO…
Volvé pronto... Te necesito... Te quiero


Myrtita

domingo, 10 de febrero de 2008

Para Luis...

Hoy no me salen las palabras, duele demasiado...pero te asocio con esto...mi querido Gordito!!!


Muriendo De Plena


Cuando yo me muera
no quiero llanto ni pena
prefiero que se me vele
bailando una rica plena
y si no me muero
tampoco me hago problema
porque tengo todo el tiempo
de bailar hasta que muera.
No quiero a la gente
todita de negro
prefiero de rojo
vestido a mi suegro
y quiero en la tumba
pollito y arroz
patitas de cabra
con todo el melón
porque yo en la vida
he sido feliz
y quiero morirme comiendo perdiz
pero con vino tin-tinto…

Myrtita

jueves, 7 de febrero de 2008

Otra vez sopa...

- ¿Qué comemos hoy?
La pregunta fue nuevamente formulada. Una fuerza feroz creció dentro de mí. Los músculos de mi cara se tensaron reflejando una mueca de hastío.
Lejos de ser estimulante esa pregunta desata una negativa reacción. Me eyecta de la cocina, atrinchera mi espíritu en un horizonte lejano.
-Mamá ¿me escuchas? ¿Qué vamos a comer hoy?
Viene a mi mente una imagen playera. La del caserito que sin importarle mi presencia cercana, alimenta con devoción ese pichón de morajú que le intrusaron en su nido. Vuela en busca de alimento y lo deposita con una paciencia extrema en el pico del pichón.
Sus viajes se suceden. El ida y vuelta, la comida en el pico y la boca abierta del pichón. No demuestra cansancio. Asume su rol y hasta parece que lo disfruta. Sus chillidos no le incomodan.
Pero ante la pregunta QCH no me siento caserito…. Mis alas no levantan vuelo. Mi imaginación sigue estacionada en aquella postal de vida y dvoción, no reacciona ante el estímulo local.
La pregunta de mi pichón me enchincha. Lo miro con cara de asombro, con cara de casi enemigos.
- ¿Qué querés comer?
Escapa de mi boca, sin licencia, ya que sé de antemano que su respuesta rayará en la utopía y su ilusión se desvanecerá al ver caer la hamburguesa en la bifera…
Mientras la carne en el fuego pierde su color rojizo, aprovecho para escabullirme en mi blog, y asentar mis pensamientos antes de que se esfumen.
¿Será que debo convencerme de que la campaña empezada en mi contra “Un comentario menos en el blog… un bife más para esta familia” tiene algo de razón?
Busco razones de mi incomodidad ante ese tenaz interrogante del QCH.
¿Por qué Dios ante la perfección de su creación determinó intervalos entre ingesta e ingesta tan cortos?
¿Por qué sumió a los humanos en la categoría superior de omnívoros, con ingestas elaboradas?
¿Por qué puso a disposición del hombre el fuego como elemento de cocción de sus presas?
¿Por qué la sociedad en su evolución les asignó a las mujeres la nobilísima función de saciar el hambre de sus seres queridos?
¿Por qué el arte culinario, tan arraigado en las mujeres de mi familia ancestral no fue una herencia dominante en mí?
¿Por qué mi familia no se sacia o estimula hasta el hacer, leyendo el Libro de Lola o el de Petrona C. de Gandulfo y sus recetas magistrales, que descansan en un lugar de privilegiado de mi cocina?
¿Por qué el ánimo de las madres cocineras decae y su imaginación desaparece al activarse el abominable QCH?
Probablemente por las respuestas de este tipo que desmoralizan hasta la más abnegada progenitora:
- ¡Otra vez sopa!
- ¿Para cuando el lomo con ananá?
- ¡Guiso!
- ¡Tartas de nuevo!
- Y la torta ¿para cuando?
- El arroz está pasado… la salsa está picante… ¿no le falta azúcar?
¡BASTA! ¡REVOLUCION YA!
Nuestro espíritu decae… necesitamos estímulos
- ¡Qué rica salió la hamburguesa!
- ¡Qué sabrosa está la salsita!
- ¡Qué buen plato! ¿Hay más?
Me parece que mi delirio se escapó. Estoy volando… no escucho respuestas…
Me dirán que todo tiene solución en la vida. Que existen las rotiserías, que hoy en día existe la cocina a distancia. Sí conozco el rubro y me sirvo de sus beneficios cocinando desde el auto a 20 km. de mi hogar.
- Por favor, dos porciones abundantes de ñoquis con salsa bolognesa para las 12:40 hs. ¡Gracias!
- Un pollo con fritas y seis empanadas de carne dulce…
- Dos pizzas, una especial y una calabresa….
Las queridas y tan arraigadas PPP de los modernos hogares argentinos. PPP: pastas, pollos y pizas.
Pero su frecuencia también genera reacciones al evacuar con ellas el QCH.
¿Otra vez…P?
¿Otra vez…P?
¿Otra vez…P?
Nada los sacia… .
¿Y el día en que por extraña inspiración una decide invertir horas de existencia en la elaboración de un manjar?
Estadísticas verificadas derivan en beneplácitos 5%, caras de asco 35%, yo estoy lleno 20%, revoltijo en el plato 20%, prefiero la hamburguesa 10%, NSNC y engulle sin opinión 10%.
Siguiendo con este análisis, caigo en la cuenta de que no hay cosa peor en la vida del ama de casa que oír el QCH en horario vespertino, y recepcionar halagos como estos.
- ¡Otra vez lo mismo que al mediodía!
- ¡Comida repetida!
- ¿Cuándo se terminan las sobras?
Uy!!! A esa hora desearía haber nacido cortesana. Desearía estar y oír una voz gentil que diga:
- Myrtita, la cena está servida….
O bien asumiendo que en los albores del siglo XXI las cortesanas están distantes de mi realidad, me gustaría ser objeto de un milagro reflejado en una escueta frase pronunciada con dulzura:
- Mamá, hoy cocinamos nosotros…
Un grito desgarrador me saca de mi ensueño, proviene de mi espalda. Ahicito nomás…
-¡Mamá! ¡Que humo! ¿No sentís, no lo ves?...Se quemaron los huevos duros!!!
PD: cualquier parecido con la realidad.... es mera coincidencia....!!!! ja ja ja

Myrtita

miércoles, 30 de enero de 2008

¡A volar!

- ¡Mamá, todavía no llores que queda una semanita!
Esas palabras retumban en mi cabeza… una semanita… una semanita….
¿Qué es una semanita? Tiempo…. Corto…Largo…. Corto para mucho…Largo para poco… Nulo para mi estado de ánimo.
Si hablo de nido, suena más romántico, si hablo de jaula, más figurativo. Lo cierto es que en una semana, mi nido, o mi jaula se abrirá. Mi primer pichón saldrá al mundo.
Lo pienso, lo re pienso, no lo dejo de pensar…
Lo entiendo. Sí que lo entiendo. Sería tonta sino lo entendiera. Es la vida. Es su oportunidad. Y a ella me enfrento.
Está delante de mí y avanza. Ya falta poco para que este desafío se ponga a mi lado y comience a caminarlo.
Dudas. Me asaltan dudas. Será una nueva prueba. Mi bebé se va. Se va a comenzar. Se va a transitar su proyecto. Su elección. Se va sola.
Trato de extender mis alas, pero no alcanzan.
Llegan hasta definir su nuevo hogar.
Llegan a las puertas de esa nueva casa de estudios, que despliega su excelencia ante nuestra asombrada mirada.
Llego a recorrer con ella las aulas. Llego a su nueva habitación. Veo su nombre en un papelito sobre su nueva cama. Pilar. La reserva está hecha.
Miro con ilusión y hasta con cariño esas dos computadoras disponibles 24 hs. imaginando que me acercarán a ella. Todo limpito. Todo prolijo. Así me gusta, y en el fondo creo que así le gusta.
Porque es mi nena. La crié. La malcrié. Le transmití cosas. ¿Buenas?… ¿No tan buenas? Quizás… Pretendí darle cosas… Cosas de adentro… Valores que ya, en una semana deberán salir.
¿Estarán a punto para desplegar el desafío? Su nueva carrera, que ya no será en el agua, será en tierra, para volar!!
Las ideas brotan. Las lágrimas también, a pesar de la advertencia ”¡Mamá, todavía no llores que queda una semanita!”.
Lo entiendo, pero ¿cómo se hace? ¡Yo no sé! ¡Nadie me enseñó a despedir a mi hija!
“Irse les hace bien”… Yo no sé, yo nunca me fui, y creo que no me hizo mal….
Pero lo entiendo… Su carrera está allá, su horizonte también. Lo entiendo.
Pero las dudas…. Las dudas… Se va sola ¿Qué va a comer?….Hagamos un menú semanal…. Hagamos milanesas… hagamos comida…. Hagamos… Cómo si el hacer comida prolongara mis alas…
De repente…No hagamos milanesas… ¡Hacélas!... Yo te miro, te ayudo…. Aprendé….
Un curso acelerado de una semanita… que es poco… que es mucho….
Un costurero… ¿Para qué? Si nunca te enseñé a coser…. Ni siquiera botones….
La plancha… si siempre te planché, más allá de esa tarde en que tus ropas me desbordaron la paciencia y me declaré en rebeldía tras un fuerte grito “Pilar a planchar!”.
Y cuantas cosas pendientes veo… y se nos fue el tiempo… y comienza el tiempo.
No quiero ver negro. Aclaro mi mente…
Se fue el tiempo de "mañana lo hacemos"… viene el tiempo de aprovechar cada ocasión, porque a partir de ahora nuestros tiempos serán ocasiones.
Ocasiones para la charla, ocasiones para las dudas, ocasiones para las salidas cómplices, ocasiones para las huídas a Córdoba… Ocasiones para aprovechar juntas.
Se viene TU tiempo de ocasiones…. Ocasiones para aprovechar lo que se te ofrece. Ocasiones para hacer tuyo el camino. Ocasiones para vivir esa libertad anhelada. Ocasiones para brillar.
Desde acá me volveré espectadora… ¿silenciosa? No lo creo, me cuesta demasiado…. Espectadora ¿ansiosa? Más que probable… siempre lo fui…
Desde acá seré tu respaldo, seré tu regazo, y trataré de prolongar mis alas, no para encerrarte, sí para ese empujoncito si flaquean las fuerzas.
Prolongaré mis alas para llegar con ellas en una tibia caricia cuando nos sientas lejos.
Porque estaremos lejos, lejos… aunque te prometo que no existirá el lejos que nos aleje.
Suerte mi nena… ¡A volar!

Myrtita

lunes, 28 de enero de 2008

Mirada objetiva de una práctica arraigada

La partida ya había comenzado.
Agradezco que seis haya sido el número justo, para no dejar en evidencia mi falta de puntualidad, detalle sobresaliente en este tipo de eventos.
Nada de pérdidas de tiempo inútiles. Se cita a las diecinueve horas, y a las diecinueve horas se reparte la primera vuelta. Así de sencillo.
Con el deseo de no perturbar la mano, me ubiqué en la retaguardia. Un tanto atrás, lo justo cómo para observar, para tomarme mi tiempo y analizar la situación, los códigos, las formas ya que no soy habitué de estos encuentros.
Las partidas de cartas no consultan al Q del puedo, el Q del debo no existe y el Q del quiero se impone en la filosofía de vida de las contrincantes.
No le hacen a la lluvia, menos al sol, no al frío ni al calor. Siempre hay una buena excusa para repartir y apasionarse en el juego.
De repente no puedo evitar una sonrisa.
Gracias a un magistral enroque de mi mente, ya no estoy en la mesa, aparezco en una sala del Club Social y las protagonistas son otras.
Vislumbro a mi querida Abuela Elisa rodeada de sus fieles y consecuentes amigas. Me ubico en una siesta de sábado, quizás de domingo y allí están. Infaltables, dándole vida a aquel venido a menos Club Social, cómo sus últimos baluartes.
Puntuales, sí, más que puntuales. Una puntualidad casi enfermiza que exasperaba cuando el asado dominical se prolongaba más allá de las tres menos cuarto. La hora convenida.
Veo la mesa redonda, al lado de la puerta. La caja de las fichas de colores fuertes, rojas, amarillas, azules, verdes. Las cuadradas, las redondas, las aovadas. Las chiquitas blancas, probablemente de menor valor. Las fichas que en su descanso semanal eran tan codiciadas para nuestros juegos de armar, en las siestas que pasábamos con la abuela, y nos eran concedidas con la firme promesa de volverlas a su sitio respetando el orden en que las habíamos encontrado.
Veo las cartas francesas. Ken, plastificadas, sin aceptar otra marca. Las Ken, importadas por pedido a cualquier o a todo conocido que se atrevía a cruzar la frontera, cuanto más no sea a Paraguay.
El mantel de paño verde bien estirado, sin arrugas.
Veo los rostros. Ser convocado ya era un privilegio. Nada de democracia en estas elecciones. El pulgar hacia arriba denotando aprobación, el pulgar hacia abajo y el llamado sería para otra ocasión, o para el refuerzo ante la ausencia de las elegidas.
Y se cuela un “las elegidas”. No porque “los elegidos” estuvieran excluidos, sino porque en general era una reunión de chicas, ya sea porque la vida les había negado maridos, o bien porque éstos las habían precedido en su partida hacia la vida eterna.
Agudizo mi memoria y aparece un caballero en aquel grupo, pero no lo veo agraciado, más bien recuerdo un pulgar hacia abajo casi permanente para él luego de haber sido sometida a votación su convocatoria para el juego.
“Que juega lento…, que se pierde…, que dobla las cartas…, que está gagá…. “Y así el pobre era el eterno excluido.
El escenario está listo. Las fichas se reparten y la partida comienza.
A tirar las cartas para formar los equipos que confrontarán. Números altos con números altos, los bajos con los bajos. A la mesa dispuestos uno por medio. A levantarse para ganar las posiciones de partida.
Veo que juegan a la loba, o ¿será el tiempo de la canasta?
Las reglas no se discuten. Ya están pautadas. Todas las conocen.
Con la profesionalidad que les dio la práctica, las cartas se entremezclan prolijamente entre sus dedos. Puedo sentir el vientito y ese ruidito continuo que indica que la mezclada fue correcta.
A cortar. Reparten, siguiendo siempre el mismo orden. Hacia la derecha, el mazo a la izquierda.
El mutismo las invade. Sólo lo interrumpe la llegada del mozo del club, con su consabida pregunta ¿Té o café?
Levantan la mirada, murmuran una respuesta y continúan. …
- Yo salgo ¡Entrás vos!....
Vuelvo a mi realidad, me están ofreciendo un rol protagónico. Me siento privilegiada. Casi como en la época de mi abuela. Acepto y tomo mi posición.
No puedo evitar las comparaciones. El juego ha cambiado, el montoncito es la razón de la reunión.
Eso sí, en equipos, formados como en aquella época. Las mismas posiciones y a jugar.
Analizo la situación, observo mis compañeras, las reglas, los códigos. Siento que son innumerables, difíciles de asimilar de manera simultánea al juego. No amedrento y lo intento.
El pozo a la derecha, con la carta acostada. Los montones de descarte a la izquierda del pozo. Son tres, ordenados de derecha a izquierda y no de izquierda a derecha como me gusta. No hay margen de creación. La regla es así, hay que acatarla.
Me toca dar. Nadie toca las cartas hasta que se hayan repartido. Me gusta dar en círculo. "¿Cómo vas a dar así?", "¿Cuál e s para cuál?" Levanto mi vista y un “Yo se, tranquilas” se me escapa. No innovo mi forma de dar. ¿Porqué debería hacerlo si siempre repartí así? Lo comprenden y me dejan.
Creo que en el fondo mi presencia es un factor de intriga. Ellas ya se conocen, ya saben como juegan, tienen sus códigos. Yo no sé. Mi última práctica se remite a un año atrás, en esa misma mesa, con las mismas contrincantes. "¿Se acordará...?" Imagino que será la duda.
La partida comienza. Dos partidos. Dos ganados y se termina. Uno y uno, obliga a un tercero, el mudo. Así como suena, el mudo, en una soledad absoluta. Sin pistas, sin miradas, sin recriminaciones, al menos instantáneas. Cada jugador plantea su estrategia de manera inconsulta.
Soy parte, pero a su vez me siento fuera. Observo, me divierto.
Veo esas miradas furibundas ante el error que aguardan que la carta de descarte sea apoyada en la mesa para explicar cuál era la jugada precisa que la compañera no advirtió.
Escucho escusas, contraataques. Se pelean. Me divierto.
Estrategias sumamente estudiadas. Las cartas precisas para llegar a un final coordinado entre tres.
Un final simultáneo.
Juegan, no a ganar, sino a hacer perder al otro.
Juegan con el alma, a rabiar, a morir… Y al momento cuando la partida pasa, ya no recuerdan ni los resultados y la armonía vuelve a reinar de manera espontánea.
Códigos. Reglas. Miro al frente, están mis cartas. Vuelvo mi mente al Club Social. Los códigos se mezclan en los tiempos. Los reveo, las reglas son las mismas, las pasiones desatadas sin diferencias…
- Te toca jugar
Vuelvo…
Me despido de mi abuela, su partida continúa, la mía también.
Myrtita