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lunes, 13 de abril de 2009

Demos vuelta la hoja

No es mío. Me llegó por mail y la firma decía Gabriel García Marquez indicando su autoría.
No lo verifiqué. Me gustó y por eso está acá.

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba sus días en su laboratorio en busca de respuesta para sus dudas.
Cierto día, su hijo de seis años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar, el científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado.
Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo.
De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.
Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo:"como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin la ayuda de nadie.".
Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.
Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamada calmadamente.
"Papá, Papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".
Al principio el Padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que a su edad, haya conseguido componer un mapa que jamás había visto antes.
Desconfiado, el científico levanto la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.
Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.
¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?
"Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?"
"Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, ví que del otro lado estaba la figura del hombre.
Así, que di vuelta a los recortes, y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era".
"Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo"

Myrtita


viernes, 21 de septiembre de 2007

HAY QUE BUSCARSE UN AMANTE



Para variar llegó a mi casilla de correo. Lo curioso es que llegó en un mail dentro de un curso de docencia y tutoría. Sin dar crédito a mi asombro y al "descuelgue", siendo más fuerte mi curiosidad geminiana, lo abrí. Y entendí, Y me gustó. Y me pareció que valía la pena compartirlo...

Y acá va:

" POR DR. JORGE BUCAY, UNIVERSIDAD DE MIAMI

Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.

Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en que ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas.

Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: "Depresión" y la infaltable receta del antidepresivo de turno.

Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, ¡ES UN AMANTE! Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto.
Están las que piensan: ¿Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica? Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más.

A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición:
Amante es: "Lo que nos apasiona". Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.

A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja, también solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby...


En fin, es "alguien" o "algo" que nos pone de "novio con la vida" y nos aparta del triste destino de durar.

¿Y que es durar? - Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frio, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar, es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana.

Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, sé tu también un amante y un protagonista... de la vida.

Piensa que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie. Lo trágico, es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante...

La psicología después de estudiar mucho sobre el tema descubrió algo trascendental:

"Para estar contento, activo y sentirse feliz...,

hay que estar de novio con la vida." "


Realista no???

Myrtita

miércoles, 1 de agosto de 2007

SINDROME DE DIOGENES

Un señor escribió esto; una señora lo mandó por mail;
a Myrtita le gustó y lo comparte con ustedes...
para que después de leerlo, comenten si se identifican con estas antigüedades.


"Si lo buscan en inte
rnet lo encontrarán, pero para nosotros simplemente fué el pasado vivido, probablemente haciendo honor a nuestros antepasados que vinieron a "hacerse la América". Y nos enseñaron a ahorrar.
En el mundo de hoy, ocurre que tenemos la obsesión de tirar las cosas cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le
ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los chicos
y los colgábamos en la cuerda junto a los chiripas, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los descartables! Si­, ya se. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podí­an con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí­ del mundo y ahora no se por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que vení­an después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que habí­a en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera seis veces.( y de auto ,....no me acuerdo) ¡Nos están jodiendo! ¡Yo los descubrí­.! Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro dí­a leí­ que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veí­amos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Quien no tenía en su casa una habitación ( inhabitable) para los trastos de varias generaciones? De por ahí­ vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde, guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo". Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si­ era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que serví­a y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si. ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podí­an servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardí­n y no sé cómo no guardamos la primera caquita... ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron? ¡Tooodo guardábamos! Y las cosas que nunca usarí­amos: botones que perdí­an a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en una caja que pasaba de herencia. Partes de lapiceras que algún dí­a podí­amos volver a precisar, cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchones. Encendedores sin gas o encendedores que perdí­an el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabí­amos bien si habí­a que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podí­amos creer que algo viviera menos que un jazmí­n. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Serví­an para todo: para hacer plantillas para botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para las misiones o para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traí­a el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volví­an cinturones y posamates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decí­a "Este es un 4 de bastos". Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así­ como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertí­a en base y nos dijeron: "Tómese el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfono. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas. Las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desecharon y los que preservamos.
¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efí­mero. No lo voy a hacer!!! No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi mujer como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que mi mujer me gane de mano y sea yo el entregado."...

¿Les gustó?
Myrtita

lunes, 23 de julio de 2007

Uno crece

Me lo mandaron por mail, me gustó y lo quiero compartir.

Que lo disfruten

Imposible atravesar la vida ...
sin que un trabajo salga mal hecho,
sin que una amistad cause decepción,
sin padecer algún quebranto de salud,
sin que un amor nos abandone,
sin que nadie de la familia fallezca,
sin equivocarse en un negocio.

Ese...ese es el costo de la vida

Sin embargo lo importante no es lo que
suceda, sino, como se reacciona.
Si te pones a coleccionar heridas
eternamente sangrantes,
vivirás como un pájaro
herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza,
ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.
Uno crece cuando acepta la realidad y tiene
aplomo de vivirla.

Cuando acepta su destino, pero tiene la
voluntad de trabajar para cambiarlo.
Uno crece asimilando lo que deja por
detrás, construyendo lo que tiene por
delante y proyectando lo que
puede ser el porvenir.

Crece cuando supera, se valora, y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando
huellas, asimila experiencias... ¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin
importarle comentarios negativos, ni prejuicios,
cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes,
cuando cumple con su labor.

Uno crece cuando se es fuerte por carácter,
sostenido por formación, sensible por temperamento...
¡Y humano por nacimiento!..
Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque
pierda las hojas.
Recoge flores aunque tengan espinas y
marca camino aunque se levante el polvo.
Uno crece cuando se es capaz de afianzarse

con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse, con residuos de flores...
¡Y de encenderse con residuos de amor...!

Uno crece ayudando a sus semejantes,
conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe.

Uno crece cuando se planta para no retroceder...
Cuando se defiende como águila para no dejar
de volar......
cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella.
Entonces...
entonces es… cuando Uno Crece

Myrtita

domingo, 24 de junio de 2007

Mid-life: ¿es un período fantástico en la vida femenina?

Hace dos años recibí un e-mail, sumamente ocurrente, gracioso o cruel, según con el cristal que se lo mire.
No obstante, la chispa con que se plantea me arrancó sonrisas.
Invita a una reflexión sobre la "mid-life" y a pensar si realmente ¿es un período fantástico en la vida femenina?
Lo comparto luego de un cambio de form
ato del mensaje original, y tomando las imágenes que tenía, que resultan más que elocuentes...

"...Si ya llegaron a esa etapa de la vida donde no se puede frenar el avance de los 40, 50, 60 se sentirán identificadas con estos pensamientos sin ninguna duda.

Mid-life es cuando el vello de tus piernas comienza a mermar dejándote tiempo libre de sobra para dedicarte al cuidado de tus recién adquiridos bigotes.

(Si pasaste los 60 cómprate un espejo-lupa para detectar los pelitos de tu barbilla.)

En la mid-life las mujeres ya no tienen brazos entre el hombro y el codo sino aletas desplegadas de carnes fofas que cuelgan y bambolean.
Ya dejamos de ser mujeres con blusas sin mangas. Ahora nos parecemos a las viejas ardillas cuando huyen con dificultad.

La mid-life comienza cuando puedes pararte frente a un espejo y ver tu trasero sin darte vuelta.

La mid-life es cuando vas a hacerte una mamografía y te das cuenta de que es la única ocasión en que alguien te sugerirá un "topless".

La mitad de la vida llega cuando al observar a tus “sabelotodos” hijos adolescentes portadores de móviles te hagas esta pregunta: “¿Y por culpa de éstos yo tengo estas odiosas estrías?”

Y es entonces cuando la memoria empieza a flaquear. Y a decir verdad la única cosa que retenemos sin esfuerzo es el agua.

Pero la cosa no termina ahí.

A tu cuerpo deformado, celulítico y flácido se le agregan unas piernas donde aparecen líneas rojas y azules que evocan la imagen de un mapa de la Cuenca del Amazonas con todos sus afluentes.

Mid-life significa por otra parte que te has vuelto más reflexiva.
Te empiezas a preocupar por las "grandes" preguntas tales como:

“¿Qué es la vida?”

“¿Por qué estoy aquí?”

“¿Qué cantidad de helados de bajas calorías puedo comer antes de que deje de ser conveniente para mi salud?”

Pero la mitad de la vida también te enseña a apreciar lo que es realmente importante.
Comprendemos que los pechos se aflojan y caen, las caderas se expanden, el mentón se hace
doble, pero encontramos compensación en el amor de los seres queridos.
¿Alguna de ustedes cambiaría la sabiduría que tienen ahora por el cuerpo que tenían años atrás?

Quizás nuestros cuerpos tengan que expandirse simplemente para poder contener toda la sabiduría y amor que hemos acumulado con los años."

Despues de la lectura... No respondan...Tomense un tiempito... y SOLO COMENTEN!!!! pero acá en el blog

Myrtita

miércoles, 20 de junio de 2007

Años...

No es mío. Es de alguien.
Lo hice mío gracias al envío de mi amiguito Daniel.
Me identifiqué con las palabras y las comparto con todos los que se identifiquen con ellas, y las sientan.
Aca ván:

"Qué cuántos años tengo?

¡Qué importa eso!

¡Tengo la edad que quiero y siento!

La edad en que puedo:
Gritar sin miedo lo que pienso...
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido. ..
Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuantos años tengo! ¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo, y otras que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios
para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero,
para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen porque decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!
¡Estas muy viejo, ya no podrás!
Tengo la edad en que las cosas se miran con mas calma, pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños, se empiezan a acariciar con los dedos, las ilusiones, se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuantos años tengo?
No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cuarenta , cincuenta o mas!
Pues lo que importa:
¡Es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuantos años tengo?

¡Eso a quien le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento."

Que las hayan disfrutado...

Myrtita