domingo, 1 de enero de 2017

Analogía

El soporte estaba vacío.
Su ausencia no pasó desapercibida.
Agucé mi vista y ahí, en el rincón del vanitory, atrás de los adornos modernos, lo encontré.
Alguien lo había escondido, seguramente con la idea de que no era bueno mostrarlo. Tenía fisuras, marcas.
En un golpe, su lozanía se quebró.
Parecía su fin.
Era parte de un juego, un conjunto que perdía su funcionalidad con su ausencia.


Una paciencia infinita y alma artesana juntó los fragmentos, y con dedicación encastró y pegó cada una de sus partes.
El cemento no fue invisible, y en la reparación quedaron huecos, espacios que no consiguieron llenarse, pero volvió a ser parte del grupo y su aporte lo valorizó nuevamente.
Su imagen relegada provocó en mi mente el desfile de mis afectos que bebían en él, aún con de sus fisuras.
Lo rescaté del rincón, lo coloqué nuevamente en su soporte.
Lo tomé en mis manos, le puse agua respetando el nivel que permitían sus marcas.

Lo levanté y ahí, frente al espejo brindé en él por los que no están, por los que amo y me acompañan, brindé con la esperanza de un feliz 2017.
myrtita

domingo, 17 de mayo de 2015

La ruleta del tiempo

¿4 de junio? No, quizás antes. ¿El 25 de mayo? No creo, es muy pronto. ¿Cuándo cambia la luna? Preguntale a GOOGLE. El 2 de junio. Es llena. ¿Será?....
Todas esas dudas me abordan cuando el momento de la nueva vida se acerca.
Esta historia comenzó para mí el 30 de septiembre de 2014, en una fecha memorable porque mi querida Escuela Del Centenario cumplía sus primeros 100 años de vida. El festejo, que en mi imaginación deslumbraba y del que no podía estar ajena ocupó parte de aquella tarde.
Cuando el sol ya se escondía, las piernas acusaban el cansancio de la postura firme en el cordón de la vereda y el frío empezaba a colarse tras las finas mangas de mi camisa, emprendimos con mi amigueta el regreso al hogar.
Nos despedimos en la puerta con el acostumbrado nos llamamos y entré.
Luces encendidas y ventanas abiertas eran la más clara señal de que en casa se comenzaba a vivir la estación de las flores y del amor que renace.
Los perros me recibieron y dos hijos en casa como únicos humanos.
Disparé un ¡hola! Cómo único eco recibí cuatro ojos cómplices que se clavaban en mi figura. Mi cabeza se disparó y empezó a jugar a las adivinanzas sin poder detenerla. ¿Qué pasa? ¿Quedó linda la pérgola? ¿Los perros hicieron de las suyas? ¿Dónde está JA? Nada, sí, no, nadando…. Por ahí no estaba la respuesta al nerviosismo y a la complicidad que cada vez era más elocuente.
Bueno, ¿qué pasa? ¿Será que viene S. a cenar o es que voy a ser ABUELA? Esa cosa que una dispara sin pensar y pregunta sin saber a ciencia cierta qué pregunta ni porqué, tuvo una respuesta contundente: SI, acompañado por ojos desorbitados que no podían entender el acierto.
¿SI QUE? ¿Va a haber cena o es que voy a ser abuela? ¡Vas a ser abuela!
No sé cuánto tiempo pasó. Pero creo que el mundo se detuvo. Mi cabeza parecía un reloj de esos de los dibujitos en los que saltan los resortes, caen los engranajes, todo se destartala, las piezas no encajan y hay que recomponerlas antes de volver al mundo.
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Y ahora? ¿Y JA? ¿Y vos? ¿Y Uds.? Y, y, y, y…
Y ese fue el big bang cósmico que estalló el 30 de septiembre de 2014 cuando mi benemérita Escuela Del Centenario cumplía sus primeros 100 años de vida y yo asumía sus 100 años como propios al imaginarme abuela.
La idea del abuelazgo se fue instalando en mi mente y la presencia de ese nuevo ser se ancló de inmediato en mi alma.
Pero ABUELA, nada de ansiedades, porque nueve meses es mucho tiempo.
En nueve veces las estaciones se suceden tres veces.
En dos meses fui abuela de perros.
En dos meses más los cachorros salieron del nido y empezaron sus vidas.
En tres meses el bebé fue un poroto.
En un poco más el poroto empezó a tener formas y se convirtió en TOMÁS.
En seis meses TOMÁS contaba monedas con sus dedos y nos mostraba sus destrezas guardadas en un DVD.
Pasaron nueve meses. Tomás se prepara para su salida. Ya está en la línea de largada y nos hizo un guiño.
Abuela, nueve meses es mucho tiempo, aunque si miro hacia atrás me doy cuenta de que los nueve meses se escurrieron en un abrir y cerrar de ojos.
Y pasaron nueve meses. La ansiedad contenida comienza a desbordarse. La carrera contra el tiempo. Tejidos, costuras, compras. Todo antes como que después no corresponde. Todo ya, antes de que llegue.
La ruleta del tiempo está corriendo. Cada vez gira más despacio.
4 de junio. NO, quizás antes. ¿El 25 de mayo? No creo, es muy pronto. ¿Cuándo cambia la luna? Preguntale a GOOGLE. El 2 de junio. Es llena. ¿Será?....

Qué sea y ¡BIENVENIDO TOMAS!

myrtita

miércoles, 31 de diciembre de 2014

sábado, 1 de noviembre de 2014

Raíces

RAICES
Yo no lo vi. Cuando volví a la ciudad su obra estaba terminada. Sin demasiada ciencia su trabajo mostraba sus frutos.
Una limpieza al ras. Nada de tres o cuatro cm para permitir un rápido rebrote. Su bordeadora había arrasado con todo lo que cubría las raíces, que aparecían superando la superficie, mostrando que mi fresno macho ya no era una hierba, sino un árbol bien formado y plantado.
Ese maquillaje verde que cubría el pequeño espacio de la vereda ya no estaba, quizás sólo por un tiempo dejaran ver la base con la que día a día convivían.
Esa raíz gruesa y firme, frente a la que me paré un tiempo a observar en mi regreso apresurado, disparó mi frondosa imaginación.
Abrí la puerta sin alertar de mi presencia a quienes se ocupaban de sus tareas cotidianas y el olor a los jazmines me invadió. Era el olor a mi adolescencia, del tiempo en que esperaba con ansiedad que abriera la primera flor antes de mi primer examen en el turno de noviembre. El primer jazmín se había vuelto mi cábala. Era el tiempo en que mamá, de manera impiadosa avanzaba sobre la planta para llenar, con sus flores, de fragancias la casa. -Hoy corté veinticuatro – anunciaba, y se enorgullecía de la abundante producción, en la que sólo había participado con algo de agua en las etapas previas.
Encendí la luz, porque el sol me había deslumbrado y mis pupilas demoraban en acomodarse. El brillo de esa araña antigua, tan resistida al momento de encontrar un espacio en mi hogar, me presentó la sala grande de la casa de los abuelos, que ya venía de una generación anterior probablemente iluminando sólo un comedor.
Allí apareció la “sala de la virreina”, el espacio bautizado bajo un humor jocoso en el siglo XXI, para describir la magnificencia del mobiliario, casi imaginado en estos tiempos minimalistas en los que el confort y la practicidad dominan la realidad.
Los sillones grandes, la mesa imponente, el espejo y sus oros, me llevaron a la casona de la calle Córdoba, al hall de entrada, al espacio vedado en épocas de limpieza profunda cuando el verano y el invierno se anunciaban.
Avancé, salí de ese ambiente, llegué al espacio de todos los días. Frente a la ventana que da al jardín me esperaba mi escritorio, la mesa de los tallarines de mis abuelos maternos que empezó su deambular por diferentes sitios porque nadie quería perderla, hasta que encontró su lugar para seguir cerca, cargada de hermosos recuerdos en un nuevo rol probablemente impensado en sus orígenes.
Mi mente viajaba, mis pensamientos recorrían espacios, se encontraban con mi pasado, con momentos de dicha, con momentos de lágrimas. Mi mente se iba lejos. Muy lejos.
-Mamá, ¿sos vos? ¿Volviste?
- Si soy yo, volví.
Volví, la obra estaba terminada, mis raíces gruesas y firmes me sostenían, afloraban pero anclaban muy profundo en mi ser. Mis raíces afloraban sin verdes en la superficie.

Sentí nostalgias. Sentí orgullo. Sentí fuerzas. Una sonrisa me invadió. Mi jornada comenzaba.
myrtita

martes, 4 de febrero de 2014

Una nueva etapa

Los comienzos pueden ser complicados, pero el camino se allana cuando no se recorre en soledad.



myrtita

viernes, 25 de octubre de 2013

52 momentos

52 momentos para decirte FELIZ CUMPLE!!!!! y con estas dos palabras todo lo que viene adentro.... Beso grande hermana querida

Myrtita