Llegaba puntual a la playa, para no perder un segundo del río, para no perder un segundo del sol.
Mi bolso, mi mochila de supervivencia resentía mi hombro con su peso. La toalla, los protectores, el tejido, la cámara de fotos, la música, una pequeña agenda preparada para marcar compromisos en un nuevo año y una birome con los últimos restitos de tinta después del intenso año vivido.
Me ubiqué allá, lejos, casi al pie del faro. Sola.
El río brillaba y me regalaba el reflejo del sol que recién se levantaba. Todo
La música que buscaba se calló. La pila se acabó.
Capturé imágenes con mi cámara, intentando que fueran un reflejo de mis sensaciones.
Así con el ruido del agua, con los trinos de los pájaros mi mente se fue más allá.
Necesitaba escribir y sólo encontré mi pequeña agenda y mi entrañable bic de trazo fino.
Cómo me cuesta escribir en papel. Ya no lo uso.
El espacio para los días de mi agenda, resultaba pequeño para encuadrar mis ideas.
Con trazos desprolijos, avancé en los días, en las semanas, en los meses no vividos, sólo con ideas, desordenadas que fluían queriendo quedar en el papel.
No necesitaba cerrar los ojos para pensar. Miraba más allá y estaba acá sin estar.
Quise despedir al año que se va. Un año largo, intenso y duro.
De repente lloré. Lloré sin consuelo. El dolor, era lo que más se destacaba.
Quiero que termine, que se vaya, fue feo. Fue malo.
¿Pero fue todo mal?
Recordé las risas y la alegría cuando comenzó. Los votos por un año pleno y de realizaciones que nos habíamos hecho.
Sería un año de cambios. Con grandes incertidumbres, pero lleno de sueños.
En un abrir y cerrar de ojos, la vida se nos dio vuelta. El dolor nos abatió, o al menos pretendió hacerlo.
Con la misma intensidad surgieron vínculos, contenciones. Lazos de amistad se reforzaron permitiendo aplacar esa angustia lacerante.
No me detengo en el dolor. Quiero borrarlo, avanzo y me proyecto.
Renovamos las ilusiones con nuevos proyectos, nuevas metas
El celular sonó rompiendo el encanto, trayéndome al presente.
Respondí e intenté volver, pero ya no era lo mismo.
El sol subió y cuando miré el río, ví el ayer con sus huellas imborrables convertidas en experiencias y aprendizajes.
Me di cuenta de que no todo fue malo. Tomé lo lindo.
Quise ver el más allá, pero había desaparecido. El encanto estaba roto.
Me encontré ahí, lejos, casi al pie del faro. Sola. Con mis recuerdos, con mi pasado atesorado, con la decisión de vivir el HOY.
Quise ver el más allá, pero había desaparecido. El encanto estaba roto.
Me encontré ahí, lejos, casi al pie del faro. Sola. Con mis recuerdos, con mi pasado atesorado, con la decisión de vivir el HOY.
Myrtita

