sábado, 7 de mayo de 2011

Una mirada diferente a la Capital de siempre


Se planificaron el hacer y las visitas para los 1920 minutos que duraría la aventura.
Se asentaron líneas, para cada minuto, en las hojas de viaje de este tour que aparecía en las opiniones de experimentados viajeros como un desafío maratónico imposible de cumplir.
- ¿Ahí van a ir?
- ¿Cómo van a hacer para llegar?
- ¿Y eso también?
- ¿Y todo en un día?
Las preguntas emergían sin piedad. A todas las respondíamos con un monosílabo contundente. Sí. Sí y sí.
Convencidas del SI nos embarcamos a las 23:30 hs de un miércoles. Cuarenta y ocho adolescentes y cinco mosqueteras que se convertirían en cuarenta y nueve y seis respectivamente con sólo atravesar el acceso a la gran ciudad y aterrizar con el bus en un gran Mcdonalds para el desayuno.
Hubo tiempos para la Boca, Plaza de Mayo, Puerto Madero, Casa de Gobierno, Museo de Bellas Artes, Feria del Libro, Galerías Pacífico y Chicago.
La maratónica visita se cumplió como el SI.
Un SI SIN desperdicios.




Myrtita

viernes, 11 de marzo de 2011

Los 21 de Pilar


De amigos, risas, pileta y sol fueron los 21 de Pilar.
De burbujas, telas y fuego fueron los 21 de Pilar.
De música, baile, espuma y serpentinas fueron los 21 de Pilar.
FELICES fueron los 21 de Pilar
FELICES como fui FELIZ hace 21 años ...


Myrtita

viernes, 24 de diciembre de 2010

Nuevos viejos deseos!!!!

Sin producciones impactantes,
sin una musa inspiradora que me dicte cosas lindas,
pero,
con el mismo cariño por siempre,
con los mismos deseos de realizaciones por siempre,
con las mismas ilusiones por siempre...
mando mis saludos
para sentirme cerca de ustedes
cuando levante mi copa en un brindis
FELIZ NAVIDAD queridos AMIGOS!!!
Myrtita

sábado, 11 de diciembre de 2010

Una despedida con imágenes

Recomiendo mirarlo en pantalla completa.
Myrtita

Chau Quinto 2010 (IMB Michalangelo)

Esta historia comenzó con una gentil invitación:

- Te toca despedir al quinto.

- Bueno. Los despido - respondí sin demasiado convencimiento.

La arenga siguió:

- ¡Pero sí!, si para vos es fácil esto de escribir. Si te sale.

- Si, me sale. Bueno. Si escribo.

- Tenés mucho para decirles. Compartiste mucho con ellos.

- Y si tengo. Y si compartí mucho. Hasta mi cocina compartí.

Quería y no quería, pero en el fondo sabía que esta designación iba a llegar. Después de todo desde hace dos años me he convertido en la llorona de las colaciones. Pero este año, para la llorona, el quinto tiene connotaciones especiales. Connotaciones subjetivas que la llevarían a perder plenamente su objetividad.

Con todo este preámbulo encendí mi computadora. Abrí mi aliado Word y la página en blanco apareció esperando que le dictara. En un primer intento no pude. No salió nada. Sin entender porqué lo dejé en suspenso. ¿Por qué no salía nada, si tantas veces había pensado todas las cosas que tenía para decirles y que quería decirles? Y al momento de plasmarlas, la nada.

Busque razones y sólo encontré algunas, o mejor dicho encontré una, sólo una y muy fuerte. No podía porque me defendía. Sueno ridícula, y se van a reír una vez más de mis delirios. Pero sí, me defendía de mis sentimientos encontrados. Porque en estas palabras celebraría la concreción de una meta, pero a su vez en estas palabras cerraría una etapa. Un quinto más, pero un quinto vivido en el aula, un quinto vivido como madre y un quinto vivido como parte, desde adentro.

Aunque sabemos que todo tiene su fin, cuando el fin es de cosas lindas duele. Y del dolor uno se defiende.

Revertí mi pensamiento porque el dolor no me iba a llevar a buen puerto y me concentré nuevamente frente a mi laptop. Y nada.

La furia y la impotencia se iban haciendo parte de mi, mientras el calendario desparramaba hojitas al pasar los días y acercarse este momento.

Empecé a hacerme planteos racionales del tipo de: Si hacer un mensaje de despedida es fácil. Hay que apelar al futuro, a las bondades de los años vividos, decirles que siempre vamos a estar y listo. El mensaje sale fácil.

Ante la huelga de ideas también apelé a la posibilidad de ser parte de esta sociedad de las comunicaciones y la información y pedirle a Google que dispare las palabras de despedida por mí. Si Google lo sabe todo y a nadie se le resiste.

Pero de repente me cayeron las fichas y me sentí ridícula. ¿Qué puede saber Google de este quinto 2010? NADA, mientras yo sí sabía mucho.

La despedida seguía sin salir, cuando una palabra golpeó mi mente: FACEBOOK. Mi resistido y rechazado FACEBOOK. Bien dicen que del amor al odio hay un solo paso, y que en los extremos esos sentimientos se encuentran. Sentí en ese momento que mi resistido y rechazado FACEBOOK podía convertirse en mi aliado y tener en él una respuesta para mi frustrada inspiración. Después de todo FACEBOOK nació y creció con estos chicos cuando reemplazó sus viejos fotologs.

Parafraseando el “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” me vi en el aula renegando de ese sitio, empezando la clase con una constante CIERREN FACEBOOK y prendan las máquinas!!!. ¿Cómo que ese no es el orden?? Si es el orden ilógico. FACEBOOK estaba con ellos aún antes de encender las máquinas. Así fue que en la soledad, sin que me vieran, me encontré hurgando en FACEBOOK por pistas para iluminar mi mente.

En esa incongruencia al acceder FACEBOOK y me sepultaron las imágenes. Me sumergí en ese mundo de la virtualidad y saqué un pasaje en el buscado túnel del tiempo para pensarlos y llenar mi despedida.

Horas y horas pase mirándolos, leyendo sus comentarios, seleccionando fotos intentando tomar distancia para hacer una lectura objetiva de lo que habían sido estos años y de repente la temida subjetividad y los sentimientos me desbordaron al permitirme repasar vivencias de las que también había sido parte.

Mi lectura objetiva dice los vi crecer como grupo. Del curso chiquito que fue en sus comienzos. Del curso con pocas nenas. Del curso que no brillaba Del curso que aparecía apático ante las propuestas de las maestras a un quinto involucrado, comprometido y crítico que puedo definirlo con dos palabras. Son el más claro ejemplo de DIVERSIDAD COMPLEMENTARIA. Diferencias que siempre potenciaron para lograr grandes realizaciones.

Pero vuelvo a mi viaje por FACEBOOK y las fotos no me devolvían ciencias ni saberes. Me devolvían caras sonrientes, bromas momentos felices, hasta me parecía escuchar sus carcajadas.

Las reflexiones inevitables empezaron a golpear las teclas formando una larga lista de items:

- ¿Qué hubiera sido del quinto en una planta baja, lejos de aquel último piso que bien podría bautizarse Paraíso?

- ¿Qué hubiera sido del quinto sin las colchonetas verdes que parecen la prolongación de sus camas.

- ¿Será que estos chicos alguna vez pasaron por un aula en busca de su excelencia académica?

Seguí buscando pistas de excelencia académica, porque sé que es la razón fundacional de la escuela y por suerte encontré una. Una foto que reflejaba un papel. La miré en detalle, sin fecha decía Nico Deu con trazos casi jeroglíficos y al costadito en color un cinco dibujado y un paréntesis que aclaraba la nota en letras para que no quedaran dudas.

Me puse en el rol de madre pero no pude más que reírme. ¡Qué descontrol! ¿No? Cuantos retos, cuantos ¿No tenés nada que estudiar?, cuántos ¿Cómo te fue en el examen? Cuantas ¿qué novedades hubo? ¿Te fue lindo?

Seguí buscando y encontré más papeles, fotos de papeles, pero en ellas la excelencia desaparecía nuevamente. Eran testimonios de amistad de deseos y de sueños. Un “Morsi te quiero”, un “…CHAU Hasta quinto!!!”

Y encontré más. Encontré fotos locas. Que me volvían a hacer pensar ¿En qué momento las sacaron si a la escuela vienen a estudiar?

Momentos. Siempre había momentos. Momentos y tiempos.

Me parece escuchar una clásica frase de fin de trimestre. - ¡En las próximas dos semanas me voy a morir! Era el mejor indicio de que a veces había que poner la pausa y estudiar. Si eso era a lo que venían a la escuela. A cargar de ciencias sus mentes. ¿O no?

Pero las imágenes me dicen que hubo más que ciencia para cargar. Hubo momentos de frescura, de espontaneidad, de amigos.

Me desordeno en el relato. Voy y vengo. Y llego al quinto. Al deseado y temido quinto según el lado del mostrador del que se mire.

Fueron cinco años para llegar al Quinto. Un quinto de agenda llena. Bariloche, Bariloche, Bariloche y Bariloche. Después Semana adolescente. Después Giocchis. Mientras Revista. Después Recepcion y en el tiempito que quedaba clases.

Un Quinto que comenzó con la firma de un contrato como razón última de su permanencia escolar. Bariloche. La madre y la profe se aunaron en un Ni loca ni chupada los puedo acompañar. No sirvo para esos viajes. Pero a la profe y a la madre en su ni loca ni chupada la embarcaron, y hoy me permito agradecerles el haber sido parte de esos momentos inolvidables que de alguna manera y sin saberlo, me volvieron a mi Bariloche del 78.

Y volviendo a FACEBOOK repaso. Y veo. Momentos.

Y todo fue pero no todo se fue.

La escuela secundaria fue eso. Momentos que atesoraron y hoy se llevan.

Momentos de ciencias.

Momentos de risas para contagiarse de ellas al evocarlas cuando los libros y el estudio los apremien en la facu y sientan que necesitan una recarga de pilas.

Momentos de amigos a los que van a apelar para compartir triunfos o para apoyarse en las dudas.

La escuela fue Momentos que se dieron para crecer. Para afirmarse y empezar a andar nuevos caminos.

Hoy me licencio para poder decirles que a partir de este momento les pido ABRAN FACEBOOK. Entren seguido. Sigan ONLINE y no se DESCONECTEN porque acá, como se dice en todas las despedidas, estaremos por si nos necesitan. Hasta siempre.

Myrtita

martes, 16 de noviembre de 2010

El ultimo cajón

Afirmo con convicción que no existe casa habitada por humano en la que no haya un último cajón, ese espacio oculto reservado para colocar todo.
El cajón que esconde cosas, hoy inútiles pero que se guardan por las dudas en algún momento sirvan para algo, o elementos que no tienen cabida en un lugar acorde y que quedan desprolijos en la escenografía montada, o esos objetos que no se sabe para qué existen pero su eliminación terrenal sentimentalmente se hace difícil.
El ultimo cajón es el destino de todas esas cosas y más. El ultimo cajón, de los hilos de pizzas, de las velas para el apagón, de las docenas de cucharitas de helado y de los corchos.
El último cajón que se abre fácil para ser depósito de cosas como si no tuviera fondo y su capacidad fuera infinita, pero que es tan difícil de abrir al momento del orden.
Hoy fue ese día. El día del orden.
El nuevo color de las paredes de la cocina, demandaba orden. No toleraba la grasa acumulada con la complicidad de las viejas paredes, el desorden de la mesada con las cosas tiradas por un rato que echaron raíces con su permanencia, así como tampoco, las nuevas paredes toleraban alacenas revueltas y mucho menos admitían el caos de un último cajón .
Hoy fue el día para abrirlo.
La música de viejos tiempos quedó anclada en la moderna tele y suena mientras con decisión abro ese cajón de atrás de la puerta y con asombro no puedo entender lo que me muestra.
Destapar recuerdos es muy fuerte. Me abstraigo de la grasa y cada cosa que muevo y descubro me despierta una anécdota, un recuerdo, la razón de su presencia en ese espacio.
Las viejas tetinas de las mamaderas, que fueron reemplazadas en su momento pero no tiradas por si las nuevas no eran del agrado de los bebés. Las tapitas de los vasos para los primeros jugos.
Esos embudos rojos que compré en set de cinco tamaños, porque serían útiles: los pequeños, para llenar mamaderas y el más grande para llenar de nafta el tanque de la máquina de cortar el pasto.
La cuchara de madera pintada de rosa, un hermoso regalo de día de madres de Pilar en el jardín. Tan hermosa como inútil. Su pintura no resiste la olla. Nunca la colgué para adornar las paredes… Perdón, no te ofendas hija… Fue un regalo hermoso y valorado por eso ocupó un lugar en mi último cajón.
Las divisiones de las cubeteras de metal del Lelo. Sólo divisiones. Las cubeteras ya no están. Tampoco el Lelo. Hoy serían antiguas. Podrían rayar el interior de los modernos freezers.
Un quemador de la cocina. ¿Para qué si ya le colocamos cuatro nuevos?
Docenas de cucharitas plásticas que nada tienen que ver con mis cucharitas de cerámica blancas.
Recetas de cocina amarillas, que nunca pasaron de la faz de lectura de interés. Dos libros de cocina moderna. Son para freezer y marcas de colores entre sus hojas señalan remolachas, zapallitos , berenjenas… Recorro sus páginas y se escapan montones de propagandas de rotiserías, muy bien guardadas. ¡Qué bochorno, desnudando estas intimidades!
Velas… ¡Sí!, muchas velas. De colores y formas. Como esa vela que siempre me faltaba en el cumpleaños nuevo de mis hijos al reciclar las de los años anteriores. ¡Qué divertida esta situación que se repetía año tras año sin remedio! El detalle de las velas siempre escapaba a mis mega organizaciones cumpleañeras.
Pero encuentro que hay velas diferentes. Velas con inscripciones. Velas de luz eterna, recuerdos de comunión y confirmación que se mezclan con las Golondrinas de los cortes de luz y de
existencia corta.
Un portavelas de cerámica. Otro regalo de madres. ¡Qué linda pintura! ¡Qué práctico, Agustín! Tu regalo supero el paso de los años, y fue importante, por eso ocupó un lugar en mi último cajón.
¿Y esto? Recuerdo de los 25 años de la promoción 78. ¡Qué risa! Cuantas discusiones al momento de decidir el souvenir del encuentro. La decisión ha sido importante. El regalo ocupó un lugar en mi último cajón, entre piolines de pizzas de algodón que lo protegieron a modo de nido.
El cajón desborda. Mi mente también. Asoman risas, se me escapan lágrimas. Etapas. Tiempos sin vuelta. Decido el orden y la bolsa negra gigante espera abierta. Se lleva parte de mi vida. Una parte que a los ojos del mundo tiene forma de porquerías. Quizás alguien rescate algo por las dudas sirva para algo. Se lleva mi vida. Pero el orden debe aparecer. El color brillante nuevo de mis paredes así me lo indica.
Quizás la vida me dé tiempo de volver a cargarlo, pero mi último cajón no queda vacío. Huellas de vida quedan marcadas en él.
Desde hoy atesorará estos secretos que le fui contando mientras aliviaba su peso. Será así. Un diálogo a solas, a solas con mi último cajón.
Myrtita

viernes, 29 de octubre de 2010

Todo lo que usted quiso saber de Capital y nunca se atrevió a preguntar

Después de varios intentos fallidos, aquel trío constituido hace un par de años, logró alinearse y partir nuevamente rumbo a la capital para llenar sus sentidos de arte y diseño.

El objetivo del viaje, quedó claro antes de la partida. Las compras serían un complemento, el protagonismo lo tendría la mentada Casa FOA 2010, y si era posible llegar, Estilo Pilar una muestra que permitiría sumar a la decoración el paisajismo, pasión de uno de los integrantes del grupo, a la que las otras adherimos sin discusión.

Mi Spark, mi aceituna, mi karting, chispa, o como quieran llamarle algunos, a más de un año de pruebas llegaría a la Capital y se mediría rueda a rueda en el vértigo de las autopistas y con el desenfreno de las calles porteñas.

La idea de comandarlo en la gran ciudad, rondaba en mi cabeza desde que fui su propietaria, aunque debo reconocer también que, al momento de la decisión, me causaba cierta inquietud.

Sin pensar más salí al volante rumbo a la aventura, con un copiloto de lujo y una partenaire incansable y locuaz en el asiento trasero, que a los pocos kilómetros puso en funcionamiento el mate para lograr una distensión perfecta entre ambos.

Entre medias sombras de nubes el calor no se sentía y la ruta tranquila nos invitaba a seguir.

La alerta de “¡Estamos en rojo!”, nos hizo ver que Chispa (traducción de Spark al español) tenía hambre. Nos habíamos olvidado de un pequeño detalle: la recarga del combustible, que aunque el modelo es económico en el consumo, su tanque es limitado. Encontrar el teléfono de auxilio en la autopista resultaba más fácil que vislumbrar una estación de servicio. Hasta que un cartel Shell a 8 km, fue el alivio.

Empujando con el alma llegamos, nos abastecimos de combustible y de comida, nos sacamos el entumecimiento del viaje y seguimos satisfechos.

Para esa jornada piquetes y cortes eran el anuncio. No detenernos en nuestros outlets era la recomendación. Pero como no nos caracterizamos por ser obedientes y conscientes del todo, al llegar al puente Henry Ford, nos miramos y sin hablarnos, nos dijimos sí, acá paramos.

Recorrimos nuestros familiares negocios. Hicimos algunas compritas convenientes y enfilamos a la gran ciudad que ya nos esperaba con todas sus luces encendidas y sus movidos seis carriles de autopista.

Con todos los sentidos alertas, con mucha adrenalina, pero segura por el asesoramiento de mi copiloto, arremetí y me mezcle en ese tránsito desquiciado sintiéndome una más.

Las comunicaciones modernas habían permitido, desde el auto, un primer contacto con un paranaense apostado de paso en la capital, y el primer programa estaba armado a pesar del cansancio por el ajetreo del viaje. Cena para la primera noche. La gran picada, las risas y las anécdotas.

El día dos estaba destinado al diseño. Nuevamente a la Panamericana y por ramal Pilar hacia las Casuarinas del Pilar para la muestra que nos convocaba. Glamour, arte y lomitos para un día de campo sin desperdicio.

La autopista para el regreso ya no tenía secretos para esta piloto, que había decidido no dejar el mando.

La primera promesa incumplida fue cuando la partenaire se manifestó abiertamente con el “Yo a casa FOA no voy”, dando por sentado que su cuota de diseño estaba cubierta.

Compras y paseos completaron la aventura el sábado. Desde la tradicional calle Santa Fe, tantas veces andada y desandada, las galerías Pacífico, San Telmo, Puerto Madero para terminar cobijándonos del frío en el ya conocido Buenos Aires Design de Recoleta.

Los años no vienen solos, se suele oír por ahí. Sin querer que sea esto cierto, las rodillas dolían, los pies se hacían sentir después de más de nueve horas ininterrumpidas de idas y venidas.

Ya sin sol, de regreso a nuestro reducto de Marcelo T. de Alvear, decidimos una inmersión al super con el fin de encontrar provisiones para darle forma a una comida caserita, buscar unas bebidas espirituosas para estimular la charla, unos dulces para cerrar la noche y terminar nuestro día tres, ya sin teatros ni pomposas cenas.

La última mañana llegó rápida. Café con leche para el desayuno, mates, fotos, el repaso obligado de las vivencias y la partida. con la promesa del regreso para cuando de los árboles caigan las hojas.

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Myrtita